Hay noches que simplemente ocurren.Y hay noches que parecen haber sido escritas mucho antes de que llegáramos a vivirlas.Esta fue una de ellas.Después de un día tranquilo, mi esposa y yo realizamos un pequeño ritual de gratitud. No se trataba de pedir riquezas ni milagros extraordinarios. Simplemente hablamos con Dios desde el corazón, agradeciendo lo que tenemos y confiando nuestros sueños al futuro.Esta noche la luna llena brilla con una intensidad especial.Antes de subir al roof garden, vimos juntos la película El Principito. Desde los primeros minutos comenzaron a aparecer recuerdos que llevábamos guardados en el alma.Mi esposa siempre ha sentido un cariño especial por esa historia.Cuando Baby José estaba creciendo en su vientre, ella decía que aquel sería uno de los primeros libros que leeríamos juntos. De hecho, antes de que naciera, alcanzamos a leerle algunos capítulos.Quizás él no entendía las palabras.Pero estamos convencidos de que sí sentía el amor con el que eran pronunciadas.Mientras avanzaba la película, recordé aquellas noches llenas de ilusión, cuando imaginábamos cómo sería compartir historias, enseñanzas y aventuras con nuestro pequeño.Al terminar la película, subimos a contemplar la luna.El cielo parecía inmenso.Silencioso.Perfecto.Y entonces algo cambió dentro de mí.Por un instante dejé de pensar en las pérdidas y me concentré en las bendiciones.Agradecí a Dios.Agradecí la vida.Agradecí la oportunidad de seguir caminando.Agradecí a mis padres, a mis abuelos y a todos aquellos ancestros que, con sus luchas, sacrificios y decisiones, hicieron posible que hoy yo estuviera aquí contemplando aquel cielo.Pensé en todos los caminos que tuvieron que cruzarse para que mi historia existiera.Y entonces pensé en Baby José.No desde la tristeza.No desde la ausencia.Sino desde el amor.Mirando aquella luna brillante imaginé a mi pequeño príncipe observándonos desde algún rincón del universo.No como una despedida.Sino como una presencia silenciosa que sigue acompañando nuestras vidas.En ese momento comprendí algo que quizá El Principito intenta enseñarnos desde hace generaciones:Lo verdaderamente importante no desaparece.Se transforma.El amor encuentra nuevas formas de quedarse.A veces en un recuerdo.A veces en una señal.A veces en una estrella.Y otras veces, en una noche de luna llena que nos recuerda todo aquello por lo que vale la pena dar gracias.Esta noche no le pedí nada al cielo.Solo dije gracias.Gracias por mi esposa.Gracias por mi familia.Gracias por nuestros seres queridos.Gracias por Baby José.Gracias por cada experiencia que nos ha permitido crecer.Y gracias por la certeza de que el amor auténtico nunca deja de existir.Quizás por eso, cuando observé la luna una última vez antes de entrar a casa, sonreí.Porque entendí que mi pequeño príncipe seguirá siendo parte de nuestra historia.Aquí.En las estrellas.Y para siempre en nuestro corazón.Reflexión final»Cuando mires el cielo por la noche, como yo viviré en una de ellas, como yo reiré en una de ellas, será para ti como si todas las estrellas rieran.» — El Principito hoy, mientras contemplaba la luna llena, sentí que una de esas estrellas llevaba el nombre de Baby José. 🌕✨🤍¿Existe alguna persona que recuerdes cada vez que miras el cielo? Te leo en los comentarios.

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