Hay historias que duran décadas.Y hay historias que duran un suspiro… pero cambian una vida entera.Baby José fue eso para nosotros.Un pequeño que llegó como una chispa de luz,como si el cielo hubiese decidido prestarnos uno de sus ángeles por un momento.Nos enseñó algo que muchos tardan años en comprender:que el amor de padres no depende del tiempo…depende de la intensidad con la que un alma toca la tuya.Baby José no vino a quedarse mucho tiempo en la Tierra.Pero vino a dejar una huella eterna.Una huella de amor.De fe.De unión familiar.Porque desde que llegó, nuestras familias comenzaron a orar juntas,a abrazarse más fuerte,a entender que la vida es un milagro frágil y sagrado.Hoy sabemos algo con certeza:Algunos ángeles no viven toda una vida en la Tierra…porque el cielo también los necesita.Y quizá por eso, cuando miramos al cielo,sentimos que una pequeña luz nos sigue acompañando.


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