En la vida hay momentos que desafían toda explicación. Algunos los llaman coincidencias; otros, Diosidencias. Para nosotros, son pequeños regalos de amor de nuestro hijo, Baby José.
Desde que partió al cielo, nuestra familia ha aprendido a vivir el duelo de una manera diferente. No porque el dolor desaparezca, sino porque, en medio de él, hemos encontrado instantes que llenan nuestro corazón de paz.
Todo comenzó con una pequeña caja.
Una caja muy especial donde hemos guardado las plumitas que, de manera inesperada, aparecen en nuestro camino. No las buscamos. Simplemente llegan. En lugares donde parecería imposible encontrarlas. Cada una representa un momento que vivimos con profunda emoción.
También están los colibríes y los pequeños pájaros que, con el paso del tiempo, se han vuelto muy especiales para nosotros.
Han aparecido precisamente en los días más difíciles. Recuerdo especialmente uno de esos momentos en. Mientras nuestro corazón estaba cargado de tristeza, un colibrí llegó, permaneció muy cerca de nosotros y parecía observarnos sin temor. Fue imposible no sentir un abrazo invisible.
Pero hay dos pequeños pájaros que ocupan un lugar muy especial en nuestra historia. El primero es un ave de un intenso color azul(Agapornis).Para nuestra familia representa una profunda nostalgia, porque ese mismo pajarito comenzó a aparecerse a una querida amiga de mi esposa apenas tres días antes de su partida de este mundo. Desde entonces, cada vez que lo vemos, recordamos que el amor deja huellas que permanecen para siempre.
El segundo es un pequeño pájaro de cabecita roja. Desde que Baby José trascendió, su presencia se ha vuelto sorprendentemente frecuente. Lo hemos encontrado durante viajes, caminatas y en distintos lugares, como si siempre supiera dónde estamos. En varias ocasiones se posa muy cerca de nosotros y permanece allí unos instantes, regalándonos una paz difícil de describir. Para muchos puede ser simplemente un ave más; para nosotros es uno de esos pequeños regalos que Dios permite llegar en el momento justo, cuando el corazón más lo necesita.
Y luego están las mariposas.
Cada sábado, cuando visitamos los Viveros de Coyoacán, es frecuente que alguna mariposa,por lo general son blancas o amarillas,revoloteando muy cerca de nosotros. En varias ocasiones se acerca especialmente a mi esposa, como si quisiera acompañarla durante unos instantes. Son momentos breves, pero profundamente significativos para nuestra familia.
¿Podemos demostrar científicamente que estas son señales de Baby José? No.
Pero tampoco necesitamos hacerlo.
Lo que sí sabemos es que cada una de estas experiencias nos recuerda que el amor nunca desaparece. El vínculo entre padres e hijo trasciende el tiempo, la distancia y la ausencia física.
Quizá para otras personas sean simples plumas, colibríes o mariposas.
Para nosotros son recordatorios de esperanza, de amor y de que Baby José continúa ocupando un lugar inmenso en nuestras vidas.
Cada una de esas pequeñas visitas nos invita a levantar la mirada al cielo, agradecer a Dios y seguir adelante con la certeza de que el amor verdadero jamás termina.
Baby José vive en nuestros recuerdos, en nuestro corazón y en cada gesto que nos inspira a seguir compartiendo su historia con el mundo.
Porque mientras exista amor, también existirá esperanza.
Como editor de HomenajeBabyJose.com, escribo desde el corazón de un padre. Cada historia que comparto nace del amor eterno por nuestro hijo, Baby José, y del deseo de que ninguna mamá ni ningún papá que atraviese un duelo gestacional, perinatal o neonatal se sienta solo. Si estas palabras lograron abrazar tu corazón, entonces la misión de este blog continúa cumpliéndose.
— José Antonio Rodríguez B.
Editor de HomenajeBabyJose.com
«El amor no termina cuando una vida es breve; comienza una nueva forma de amar, recordar y acompañar a otros. Si nuestro dolor puede convertirse en esperanza para otra familia, entonces Baby José seguirá cambiando vidas.»

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