Hace cuatro años…Hoy es 12 de julio de 2026.Quiero regresar exactamente cuatro años atrás.Ese martes 12 de julio de 2022 vivimos uno de los días más felices desde que Baby José había ingresado a la UCIN.
El día que pensamos que el milagro había comenzado12 de julio de 2022.Hay días que uno recuerda con una claridad impresionante.Esa mañana entre a la UCIN como lo hacíamos todos los días.Pero apenas vimos a Baby José, sentimos que algo era diferente.Durante semanas lo habíamos visto rodeado de medicamentos, bombas de infusión y tratamientos que luchaban junto a él.Aquella mañana…Muchos de esos medicamentos ya no estaban.Los monitores mostraban estabilidad.Solo quedaba un medicamento, y en una dosis muy pequeña.Recuerdo que miré a Desiree,No hizo falta decir una palabra.Los dos entendimos lo mismo.Algo estaba cambiando.Entonces recordé aquel desayuno de semanas atrás.Mientras comiamos una arepa, apareció el número 12. Estampada en ella,Nos miramos y, sin saber por qué, sentimos que esa fecha sería especial.Nos aferramos a esa esperanza.Pensábamos que el 12 de julio sería el día en que extubarían a Baby José.El día en que comenzaría el regreso a casa.Me acerqué lentamente a Baby José.
Aquella mañana se veía diferente.
Mi corazón se llenó de una esperanza que hacía semanas no sentía.
Los médicos nos explicaron que comenzarían a despertarlo poco a poco para observar cómo reaccionaba.
Me incliné sobre él con toda la delicadeza que permitía aquel momento.
Lo abracé.
Acercándome a su oído le susurré:
—Te amo, hijo. No sabes lo orgullosos que estamos de ti. Has luchado como un verdadero guerrero.
Baby José estaba entre dormido y despierto.
Entonces ocurrió uno de los momentos más hermosos que he vivido como padre.
Con una fuerza muy pequeñita, pero suficiente para detener el tiempo, cerró su manito alrededor de uno de mis dedos.
En ese instante desaparecieron los monitores, las bombas de infusión, el ruido de la UCIN y el miedo que nos había acompañado durante tantas semanas.
Solo existíamos él y yo.
Nunca podré saber qué pasaba por su pequeño corazón en ese momento.
Pero yo sentí que, de alguna manera, me estaba respondiendo.
Como si quisiera decirme que había escuchado cada una de mis palabras.
Aquella pequeña mano no solo sostuvo mi dedo.
Sostuvo mi corazón para siempre.
Ese abrazo fue uno de los regalos más grandes que Dios me permitió vivir junto a mi hijo.
Aquel 12 de julio de 2022 salí del hospital con el alma llena de esperanza. Mientras caminábamos hacia el estacionamiento, su mama y yo nos miramos con una ilusión que hacía mucho tiempo no sentíamos. Por primera vez creíamos que el sueño de salir los tres por aquellas puertas estaba un poco más cerca.
🤍 Lo que Baby José nos enseñó ese día»La esperanza tiene la capacidad de convertir un pequeño avance en el motivo más grande para volver a sonreír.»

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