Cuando pensamos en el duelo, casi siempre imaginamos lágrimas.Pensamos en un corazón roto, en recuerdos que aparecen sin avisar, en el silencio que deja una ausencia imposible de llenar.Pero pocas veces hablamos de lo que sucede más allá del alma.Porque el duelo no solo duele por dentro.También encuentra un lugar donde quedarse: el cuerpo.Hay mañanas en las que levantarse de la cama parece una tarea desproporcionada. No porque falte voluntad, sino porque el cuerpo carga un peso que nadie puede ver.Es un cansancio diferente.No desaparece con una buena noche de sueño.No mejora con un fin de semana de descanso.Es una fatiga silenciosa, profunda, que se instala en los músculos, en la respiración y hasta en la manera de caminar.Dormimos y seguimos agotados.Comemos sin apetito o dejamos de sentir hambre.Olvidamos cosas sencillas.Perdemos la concentración.El pecho se oprime sin razón aparente.La espalda duele.La cabeza pesa.Y, muchas veces, llegamos a preguntarnos si algo está mal con nosotros.La respuesta es sencilla y, al mismo tiempo, profundamente humana.No.Tu cuerpo está haciendo lo que puede para sobrevivir a una experiencia que cambia la vida.El duelo no ocurre únicamente en la memoria.También ocurre en el sistema nervioso, en las hormonas, en el sueño, en la energía y en cada rincón de un organismo que intenta adaptarse a una realidad para la que nadie está preparado.Por eso no deberíamos exigirnos funcionar como si nada hubiera pasado.El cuerpo también necesita tiempo para comprender lo que el corazón todavía intenta aceptar.Quizá por eso un paseo al aire libre puede aliviar más de lo que imaginábamos.Quizá una respiración profunda, una caminata tranquila, una conversación sincera o simplemente descansar sin sentir culpa también forman parte del proceso de sanar.No son señales de debilidad.Son actos de cuidado.Y cuidar de uno mismo no significa dejar atrás a quien amamos.Significa reconocer que, para seguir honrando su memoria, también necesitamos cuidar la vida que aún late dentro de nosotros.Si hoy te sientes agotado, aunque parezca que no has hecho nada, sé amable contigo.No estás siendo perezoso.No estás fallando.Estás atravesando una de las experiencias más exigentes que puede vivir un ser humano.Y aun así…Sigues aquí.Respirando.Amando.Dando un paso más.A veces, eso también es una forma de valentía.—José Antonio Rodríguez BetancourtCreador de Homenaje Baby José»Transformando el dolor en esperanza, una historia a la vez.»

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