Las cosas que antes me parecían normales y hoy aprendí a valorar
Hay cosas que durante mucho tiempo creemos que son normales.
Despertar por la mañana.
Respirar.
Escuchar la voz de alguien que queremos.
Tomarnos un café.
Salir a caminar.
Ver un amanecer.
Regresar a casa.
Las hacemos todos los días y, precisamente por eso, dejamos de prestarles atención.
Nos acostumbramos a ellas.
Y quizás uno de los mayores errores que cometemos como seres humanos es confundir lo cotidiano con lo garantizado.
Porque que algo ocurra todos los días no significa que tengamos asegurado que ocurrirá mañana.
Vivimos demasiado rápido
Vivimos pendientes de lo que sigue.
El próximo viaje.
El próximo proyecto.
El próximo cumpleaños.
El próximo objetivo.
Estamos constantemente intentando llegar a algún lugar, mientras la vida está sucediendo exactamente donde estamos.
Desayunamos pensando en el trabajo.
Manejamos pensando en lo que tenemos que hacer.
Estamos con nuestra familia pensando en el teléfono.
Estamos de vacaciones pensando en las fotografías que vamos a publicar.
Y muchas veces necesitamos que ocurra algo extraordinario para detenernos y decir:
“Qué afortunado soy de estar viviendo esto.”
Pero quizá no necesitamos esperar algo extraordinario.
Quizás necesitamos aprender a mirar de otra manera lo ordinario.
Un día cualquiera puede ser un día extraordinario
¿Alguna vez has pensado en todo lo que tiene que ocurrir para que puedas decir simplemente:
“Hoy estoy aquí”?
Abriste los ojos.
Respiraste.
Tu corazón siguió latiendo.
Quizás alguien que amas estaba cerca.
Quizás recibiste un mensaje de alguien importante para ti.
Quizás escuchaste una canción que te llevó a un recuerdo.
Quizás viste el cielo cambiar de color al amanecer.
Quizás simplemente tuviste la oportunidad de salir a caminar y sentir el aire en el rostro.
Nada de eso parece extraordinario.
Hasta que comprendemos que la vida está hecha precisamente de esos pequeños momentos.
Aprender a agradecer antes de perder
Hay una frase que puede resultar incómoda, pero que vale la pena recordar:
No deberíamos necesitar perder algo para descubrir cuánto significaba.
Sin embargo, muchas veces eso es exactamente lo que nos ocurre.
Valoramos más una conversación cuando ya no podemos tenerla.
Un abrazo cuando ya no podemos recibirlo.
Una fotografía cuando se convierte en uno de los pocos recuerdos que nos quedan.
Un lugar cuando sabemos que quizá nunca volveremos.
El tiempo cuando comprendemos que no podemos recuperarlo.
La ausencia puede enseñarnos algo muy duro, pero también profundamente humano:
aquello que creíamos cotidiano quizá siempre fue extraordinario.
Hoy quiero mirar diferente
Por eso hoy quiero intentar algo distinto.
No esperar a que ocurra algo grande para sentir gratitud.
Quiero aprender a agradecer el café de la mañana.
Una conversación.
Una caminata.
Una carcajada inesperada.
Una comida compartida.
Un mensaje.
Un abrazo.
El sonido de una voz querida.
El privilegio de volver a casa.
El simple hecho de tener otro día.
Porque quizás la felicidad no siempre consiste en conseguir algo que todavía no tenemos.
A veces consiste en darnos cuenta de todo lo que ya tenemos mientras todavía podemos disfrutarlo.
La vida también está en lo pequeño
En Homenaje Baby José hemos aprendido que recordar no significa vivir permanentemente en el pasado.
Recordar también puede enseñarnos a mirar el presente con otros ojos.
A detenernos.
A escuchar.
A abrazar un poco más fuerte.
A decir “te quiero” sin pensar que tenemos todo el tiempo del mundo.
A llamar a esa persona.
A visitar a nuestros padres.
A jugar con nuestros hijos.
A disfrutar a nuestros amigos.
A mirar el cielo.
A respirar profundamente y reconocer que estamos aquí.
Porque quizás algún día descubriremos que aquellos momentos que considerábamos insignificantes eran precisamente los momentos que construían nuestra vida.
No esperes a mañana
Hoy puede ser un día completamente normal.
No hay ninguna celebración.
No ganaste nada.
No ocurrió nada extraordinario.
Y, sin embargo, tienes algo que no deberíamos dar por sentado:
tienes este día.
Así que mira a tu alrededor.
Observa a las personas que están contigo.
Escucha sus voces.
Abraza.
Agradece.
Vive un poco más despacio.
Porque tal vez algún día mires hacia atrás y comprendas que aquello que llamabas “un día cualquiera” era, en realidad, uno de los días más valiosos de tu vida.
No esperes perder para aprender a valorar.
❤️ Recordar también es aprender a valorar la vida.
Y quizá esa sea una de las enseñanzas más profundas que podemos llevarnos de quienes amamos: no esperar a que la ausencia nos enseñe el valor de la presencia.
Hoy estamos aquí.
Y eso, por sí solo, ya merece un momento de gratitud.
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