If you could go back in time and give your younger self advice, what would it be

Si pudiera volver al pasado: las preguntas que me quedaron después de despedir a Baby José

Hay preguntas que nacen después de una pérdida y nos acompañan durante años. No siempre buscamos culpables. A veces, simplemente, daríamos cualquier cosa por descubrir si nuestra historia pudo haber tenido otro final.

Si pudiera regresar a aquel día…

Si alguien me preguntara hoy qué le diría al hombre que fui antes de despedir a Baby José, tendría que detenerme unos instantes antes de responder.

No sería una pregunta sencilla.

Porque cuando uno despide a un hijo, el tiempo adquiere una dimensión diferente. Hay un antes y un después. Existe una versión de nosotros que todavía desconoce el dolor que está a punto de conocer y otra que, después de atravesarlo, aprende a caminar con una ausencia que jamás habría elegido.

A veces imagino que puedo regresar al pasado. Volver a aquellos días en los que todavía teníamos esperanzas, cuando nuestra vida estaba llena de planes y el futuro de nuestra familia parecía extenderse ante nosotros como un camino interminable.

Me gustaría encontrarme con aquel padre que esperaba tener a su hijo entre los brazos, mirarlo a los ojos y decirle que disfrutara cada instante, que preguntara todo lo que necesitara preguntar, que no tuviera miedo de buscar respuestas y que, cuando llegara el momento de tomar decisiones difíciles, supiera que no tenía que cargar solo con el peso de todo lo que estaba sucediendo.

Pero hay algo más que le diría.

Le confesaría que, años después, todavía habría preguntas para las que no encontraría una respuesta definitiva.

Porque cuando pierdes a un hijo, hay cosas que el tiempo suaviza, pero hay otras que permanecen en algún rincón del corazón, esperando a que una noche tranquila, un recuerdo o una fecha especial vuelvan a despertarlas.

Y entre todas esas preguntas, hay una que todavía puede doler:

¿Y si hubiéramos hecho las cosas de otra manera?

La espinita que permanece incluso después de perdonar

Con el paso del tiempo he aprendido que el perdón y las preguntas pueden coexistir.

He aprendido a perdonar. Sin embargo, eso no significa que todas mis dudas hayan desaparecido ni que haya dejado de preguntarme si existían otras posibilidades para Baby José.

A veces pienso en su operación, en aquellos días tan difíciles y en las decisiones que tuvimos que afrontar como padres. Me pregunto si había otros caminos que no llegamos a conocer, si existían alternativas que habríamos querido explorar o si alguna decisión diferente habría cambiado el desenlace de nuestra historia.

No escribo estas palabras porque tenga una respuesta. Tampoco porque pretenda señalar a nadie ni afirmar que alguien pudo haber hecho algo distinto.

Escribo porque esas preguntas forman parte de mi experiencia y porque sé que no soy el único padre que ha regresado mentalmente a un momento de su vida intentando encontrar una puerta que, en aquel entonces, no sabía que podía existir.

A veces, la mente vuelve sobre los mismos acontecimientos buscando una explicación que permita comprender lo sucedido. Repasa conversaciones, decisiones, palabras y momentos. Intenta reconstruir una historia cuyo final habría querido cambiar.

Y aparece ese pensamiento tan difícil de silenciar: ¿qué habría pasado si…?

¿Qué habría pasado si hubiéramos preguntado algo más? ¿Si hubiéramos conocido otra alternativa? ¿Si el camino hubiera sido diferente?

No siempre hacemos estas preguntas porque estemos convencidos de que alguien se equivocó. A veces las hacemos porque el resultado fue tan doloroso que nuestra mente intenta imaginar una realidad en la que no hubiéramos tenido que vivirlo.

Una realidad en la que nuestro hijo hubiera regresado a casa.

Una realidad en la que todavía pudiéramos escuchar su voz, verlo crecer, acompañarlo en sus primeros pasos y descubrir, día tras día, la persona en la que se habría convertido.

En mi caso, esas preguntas tienen un nombre: José.

Y aunque he aprendido a vivir con su ausencia, hay momentos en los que desearía tener la oportunidad de volver atrás, no necesariamente para cambiar cada acontecimiento, sino para comprender mejor todo aquello que todavía me pregunto.

Cuando el amor se encuentra con la incertidumbre

Existe una parte del duelo de la que se habla poco: la incertidumbre sobre las decisiones que rodearon la pérdida.

Cuando un hijo atraviesa una situación médica delicada, los padres pueden verse obligados a afrontar circunstancias para las que nunca se habían preparado. Reciben información, escuchan explicaciones, intentan comprender posibilidades y deben convivir con la esperanza y el miedo al mismo tiempo.

En esas circunstancias, decidir no siempre significa tener todas las respuestas.

Muchas veces significa avanzar con la información disponible, confiando en los profesionales que atienden a nuestro hijo y esperando que el tratamiento elegido permita que siga viviendo.

Pero cuando el desenlace es la pérdida, el pasado puede adquirir otro significado.

Lo que entonces parecía una decisión razonable puede convertirse, años después, en motivo de nuevas preguntas. La información que tenemos hoy puede ser distinta de la que conocíamos entonces. Incluso podemos descubrir que existen aspectos de aquella experiencia que todavía necesitamos comprender.

Y es ahí donde debemos tratarnos con humanidad.

No podemos juzgar cada decisión pasada como si hubiéramos tenido entonces todo el conocimiento, la perspectiva y la distancia emocional que tenemos hoy. Tampoco tenemos que fingir que no existen dudas legítimas que merecen ser escuchadas y aclaradas.

Ambas cosas pueden ser ciertas: podemos necesitar respuestas y, al mismo tiempo, reconocer que tomamos decisiones en circunstancias extraordinariamente difíciles.

A veces, comprender mejor lo sucedido puede ayudar a encontrar cierta paz. En otras ocasiones, las explicaciones médicas no pueden responder a la pregunta más profunda de todas: si las cosas hubieran sido diferentes, ¿nuestro hijo seguiría aquí?

Esa pregunta no debe responderse con promesas ni con suposiciones. No siempre es posible conocer el desenlace de una historia alternativa.

Y aceptar esa incertidumbre puede ser una de las partes más difíciles del duelo.

Si pudiera hablar con el padre que fui

Si tuviera la oportunidad de sentarme frente al hombre que era antes de despedirme de Baby José, no comenzaría hablándole de errores ni de decisiones.

Comenzaría abrazándolo.

Le diría que sé cuánto deseaba que su hijo estuviera bien. Que sé cuánto amor había en cada esperanza y en cada intento de encontrar una salida. Le recordaría que él tampoco conocía el futuro y que, como cualquier padre, quería proteger a su pequeño de todo aquello que pudiera hacerle daño.

Le diría que, cuando uno ama a un hijo, intenta encontrar el mejor camino posible. Y que no siempre puede controlar las circunstancias, por mucho que desee hacerlo.

Quizá también le diría que preguntara sin miedo, que pidiera explicaciones cuando las necesitara, que buscara una segunda opinión si las circunstancias lo permitían y que se diera permiso para no comprenderlo todo de inmediato.

Pero, sobre todo, le diría que no confundiera el amor con la capacidad de controlar el desenlace.

Porque amar profundamente a un hijo no nos convierte en seres capaces de anticipar cada riesgo, conocer todas las alternativas o cambiar cada circunstancia.

Nos convierte en padres.

Padres que esperan. Padres que preguntan. Padres que confían, que temen y que hacen lo posible por cuidar a sus hijos.

Y también padres que, algunas veces, deben aprender a vivir con un resultado que jamás habrían elegido.

No sé si aquellas palabras habrían cambiado algo de nuestra historia. No puedo afirmarlo.

Pero me gustaría que aquel padre supiera que, años después, su amor seguiría intacto. Que su hijo no sería recordado únicamente por las circunstancias de su partida, sino por la huella que dejó en su familia y por todo lo que su existencia continúa significando.

Y le pediría que, cuando llegaran las preguntas difíciles, no se olvidara de algo fundamental: él también merecía compasión.

Perdonar no significa dejar de preguntarse

Durante mucho tiempo, podemos imaginar que sanar significa llegar a un punto en el que ya no sentimos dolor, ya no tenemos dudas y somos capaces de recordar sin que nada se mueva dentro de nosotros.

Pero el duelo no siempre sigue ese camino.

Podemos aprender a vivir con la ausencia, recuperar nuestras rutinas, volver a reír, construir nuevos proyectos y encontrar motivos para agradecer la vida. Podemos volver a disfrutar de momentos que antes parecían imposibles.

Y, aun así, una pregunta puede regresar.

Eso no significa necesariamente que hayamos retrocedido. Tampoco significa que el perdón haya sido incompleto.

El perdón no borra los acontecimientos ni obliga a la memoria a comportarse de una manera determinada. Perdonar tampoco significa renunciar al derecho de comprender lo sucedido o de buscar respuestas a preguntas que siguen siendo importantes para nosotros.

Podemos perdonar y seguir teniendo dudas.

Podemos aceptar que no conocemos todas las respuestas sin dejar de desear que las cosas hubieran sido diferentes.

Podemos agradecer el tiempo que tuvimos con nuestro hijo y, al mismo tiempo, lamentar profundamente todo el tiempo que no podremos compartir con él.

No hay contradicción en ello.

El amor por un hijo no se mide por nuestra capacidad de cerrar todas las heridas. Tampoco tenemos que demostrar que hemos superado la pérdida dejando de hablar de ella.

Hay recuerdos que duelen porque importan. Hay preguntas que persisten porque el desenlace nos cambió la vida. Y hay ausencias que siguen teniendo un lugar en nosotros, incluso cuando hemos aprendido a caminar con ellas.

Quizá sanar no consista en conseguir que nunca más nos preguntemos qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes.

Quizá también consista en aprender a recibir esa pregunta con ternura, sin permitir que se convierta en la única forma de mirar nuestra historia.

La vida que imaginamos y la vida que nos tocó reconstruir

Cuando esperamos un hijo, imaginamos una vida entera.

Pensamos en su infancia, en los cumpleaños, en las fotografías familiares, en las conversaciones que tendremos cuando crezca. Imaginamos cómo será su carácter, qué cosas le harán reír y qué sueños querrá perseguir.

Son planes pequeños y enormes a la vez. Algunos los expresamos en voz alta; otros viven silenciosamente en nuestra imaginación.

Cuando perdemos a un hijo, no perdemos solamente su presencia física. También debemos aprender a convivir con el futuro que habíamos imaginado y que ya no podremos experimentar de la manera que esperábamos.

En mi historia, hay momentos de la vida de Baby José que siempre me habría gustado conocer.

Me habría gustado verlo crecer, acompañarlo en sus descubrimientos y tener la oportunidad de compartir con él tantas experiencias que hoy solo puedo imaginar.

A veces pienso en todo lo que habría querido hacer de otra manera si eso hubiera significado tenerlo aquí.

Y entonces comprendo que algunas de mis preguntas nacen precisamente de ese amor: de todo lo que deseaba darle, de todo lo que quería vivir a su lado y de la enorme diferencia que habría supuesto que nuestra historia tuviera otro desenlace.

No necesito negar ese deseo para continuar viviendo.

No tengo que convencerme de que su ausencia es fácil de aceptar. Tampoco tengo que encontrar una explicación perfecta para cada acontecimiento antes de permitirme disfrutar nuevamente de la vida.

Baby José forma parte de nuestra historia. Su existencia no queda reducida a los días de hospital, a su operación ni a las circunstancias de su partida.

También está en el amor con el que lo esperamos, en los recuerdos que conservamos y en el significado que continúa teniendo para nosotros.

Y aunque no puedo regresar al pasado, sí puedo decidir cómo honrar su memoria en el presente.

Puedo hablar de él. Puedo pronunciar su nombre. Puedo compartir nuestra historia para que otros padres encuentren compañía en la suya.

Puedo transformar parte de lo vivido en un espacio donde las familias que atraviesan un duelo gestacional, perinatal o neonatal sepan que no tienen que esconder sus preguntas para ser comprendidas.

No cambia lo sucedido, pero puede darle a nuestra experiencia una forma de acompañar a otros.

Si pudiera volver atrás, ¿cambiaría algo?

La respuesta más honesta es que hay cosas que habría deseado profundamente que fueran diferentes.

Habría querido que la historia de Baby José tuviera otro desenlace. Habría querido que las circunstancias nos ofrecieran otras posibilidades, que las decisiones fueran más sencillas y que hoy pudiéramos compartir con él una vida que apenas tuvimos la oportunidad de comenzar a imaginar.

Pero no puedo afirmar que cambiar una decisión concreta habría garantizado un resultado diferente. Esa certeza no la tengo.

Lo que sí sé es que las preguntas forman parte de mi experiencia como padre en duelo. No necesito ocultarlas para proteger una imagen de fortaleza, ni convertirlas en acusaciones para reconocer que todavía me afectan.

Puedo hablar de ellas con honestidad.

Puedo admitir que hay una espinita que permanece.

Y puedo hacerlo sin olvidar que mi vida no está obligada a quedarse detenida en aquel momento.

Porque recordar no significa vivir permanentemente en el pasado. Y seguir adelante no significa abandonar a quienes amamos.

Tal vez, si pudiera volver atrás, no encontraría las palabras capaces de cambiar nuestra historia. Tal vez ni siquiera podría ofrecerme las respuestas que todavía busco.

Pero sí me gustaría dejarle un mensaje a aquel padre:

No midas tu amor por el desenlace que no pudiste controlar. No conviertas cada pregunta en una condena contra ti mismo. Busca las respuestas que necesites, permite que tus sentimientos tengan un lugar y recuerda que también mereces vivir con compasión hacia la persona que eras entonces.

Y después lo abrazaría una vez más.

Porque ese padre también perdió a su hijo.

Y también merece que alguien lo acompañe.

Una pregunta para quienes han vivido una pérdida

Si has despedido un hijo, quizá también hayas regresado alguna vez a un momento de tu historia preguntándote qué habría ocurrido si las circunstancias hubieran sido diferentes.

Quizá hayas pensado en una decisión, una conversación, una oportunidad o un camino que hoy contemplas desde otra perspectiva.

No tienes que compartir aquello que prefieres guardar en tu intimidad. Cada historia es diferente y cada familia encuentra su propia manera de recordar, comprender y seguir adelante.

Pero, si te sientes preparado para hacerlo, nos gustaría escucharte.

Si pudieras regresar al pasado y hablar con la persona que eras antes de la pérdida de tu hijo, ¿qué le dirías hoy?

¿Le pedirías que hiciera más preguntas? ¿Le recordarías que no podía conocer el futuro? ¿O simplemente lo abrazarías y le dirías que no estaba solo?

En Homenaje Baby José creemos que hablar de nuestros hijos también es una forma de mantenerlos presentes. Queremos construir un espacio donde las familias puedan compartir sus experiencias sin juicios, sin comparaciones y sin la obligación de fingir que todo está resuelto.

Porque detrás de cada historia hay un hijo amado. Y detrás de cada padre en duelo hay una vida que merece ser escuchada con respeto.

Una reflexión del editor de Homenaje Baby José

Si pudiera regresar al pasado, quizá intentaría encontrar las palabras que me ayudaran a comprender mejor lo que estaba viviendo. Quizá haría preguntas que hoy sé que necesitaba hacer. Y, sin duda, desearía que la historia de mi hijo hubiera sido diferente.

Pero también quiero aprender a mirar a aquel padre con compasión.

No conocía el futuro. No tenía la posibilidad de contemplar nuestra historia desde la distancia de los años. Era un padre que amaba a su hijo y que deseaba, por encima de cualquier otra cosa, verlo vivir.

Hoy sigo teniendo preguntas. Algunas quizá encuentren respuestas; otras tal vez permanezcan abiertas. No necesito fingir que han desaparecido para reconocer cuánto he aprendido a vivir con la ausencia.

Si algo deseo compartir con otros padres es esto: no tienen que castigarse por no haber conocido ayer todo lo que saben hoy. Pueden buscar respuestas, expresar sus dudas y reconocer su dolor sin renunciar a la posibilidad de construir una vida que también contenga momentos de alegría.

No podemos regresar al pasado para cambiar lo que sucedió, pero podemos aprender a mirar con más ternura a la persona que fuimos cuando todo sucedió.

Y mientras tengamos la oportunidad de hablar de nuestros hijos, de pronunciar sus nombres y de compartir el amor que dejaron en nosotros, sus historias seguirán encontrando un lugar en este mundo.

Con amor y respeto,

El editor de Homenaje Baby José

Deja una respuesta

Avatar de Baby Jose: Nuestro Hijo de luz

Published by

Descubre más desde Homenaje a baby jose

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Homenaje a baby jose

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo